Yoga, meditación, relajación, pasar a la acción

Práctica efectiva y cotidiana

Es un hecho: quienes integran la práctica del yoga en sus vidas se benefician tanto por sus efectos saludables como por una sorprendente transformación en el comportamiento general. Esto puede deberse a su carácter totalmente pragmático, por ser una disciplina no vinculada a religión alguna. Por todo ello, me inclino a pensar que todas las personas que se acercan al yoga y/o a la meditación, en el fondo, «intuyen» que algo quieren cambiar en su vida.

La experiencia me dice que el yoga, como cualquier otra disciplina, necesita de su práctica para que sea efectivo. Su nombre significa toda clase de uniones: la unión del principio espiritual del hombre con la Divinidad, como también la unión consciente del aspecto material del hombre con su aspecto espiritual y de la personalidad superficial con la personalidad profunda. En otras palabras, es el estado de integración, de unificación consciente de los aspectos superficiales, profundos y superiores del hombre.

En el interior de cada uno de nosotros duermen enormes energías y maravillosas facultades de las cuales apenas si nos enteramos en el transcurso de la vida. Si nos ponemos a ello, cualquiera de estas energías bastaría para transformar completamente la manera de vivir en el mundo. Por ejemplo, la facultad de la percepción extrasensorial, el perfecto dominio del dolor, la potencia mental capaz de materializar en lo concreto los más audaces proyectos y posibilidades visualizados por una sana imaginación creadora, la intuición metafísica y el enorme poder transformador del Amor.

Al día de hoy muchas personas se acercan al yoga para conseguir una de sus ventajas más destacadas: la salud. A nivel físico una práctica adecuada puede restablecer la salud, incluso en casos en los que la terapéutica médica parece inoperante. Disminuyen considerablemente el estrés, los estados de ansiedad y, como consecuencia, la intensidad de los problemas emocionales.

Pensemos que toda acción es una descarga de energía y la relajación es el medio natural para reponer esa energía. Parece que toda la vida nos estamos entrenando para la acción correcta. Bueno será, pues, que también nos entrenemos para una buena relajación. Cuando somos capaces de tener en nuestras vidas ese equilibrio entre la tensión y la relajación, entre la acción y el descanso, podemos encontrar la salud completa, la plenitud, la serenidad, la paz. Nos sentimos llenos de energía y de fuerza, y eso nos da una libertad interior extraordinaria.

Es en los momentos de calma, de tranquilidad, en los que el silencio adquiere solidez y podemos darnos cuenta, de improviso, de que algo profundo y grande está presente en nuestro interior.

Te invito a que seas tú mismo quien compruebe los resultados con las pequeñas prácticas que te voy a proponer. Es simple: tomar conciencia y pasar a la acción…

La primera propuesta es que no te tomes la vida tan en serio, ríe, canta, baila y haz aquellas actividades que realmente te guste hacer, esas con las que te sientes feliz, date el tiempo para encontrarlas y cultivarlas. Regálate un tiempo a ti mismo, a trabajar en ti. Invierte siempre que puedas en ti, eso te traerá bienestar. Esto es pasar a la acción y una manera de actuar muy poderosa que te aportará grandes beneficios.

Si estás en el trabajo y te sientes agobiado, párate un momento, respira, sal a dar un pequeño paseo, a tomar un refresco, huele una flor, suficiente para que la energía te cambie. Tenemos patrones muy limitantes que nos hacen creer que debemos hacer grandes cosas para que algo cambie, pero en realidad hacer estas otras pequeñas cosas ya está generando un cambio en nuestra actitud frente a la vida, pues conectamos de nuevo con nosotros mismos.

Otro factor importante es el descanso, tener un sueño profundo y reparador. Para ello te propongo una pequeña práctica de yoga para antes de ir a dormir, es importante que la hagas todos los días, con mimo, con cariño, tratando a tu cuerpo con ternura. Poco a poco iras observando como recuperas el sueño tranquilo y reparador.

Túmbate y estira todo tu cuerpo, los brazos, las piernas, abre la boca, grande, como si fueras a comerte una gran manzana y suelta. Deja venir el bostezo, el suspiro, que tus ojos lagrimeen. Haz tres o cuatro respiraciones profundas y de nuevo permite que aparezca un bostezo. Después haz una posición invertida, puede ser viparita karani o sarvangasana (postura sobre los hombros, comúnmente conocida como la vela). Si tienes dificultades, sencillamente puedes poner las piernas en alto apoyadas en la pared (foto). Quédate por unos momentos con los ojos cerrados respirando lenta y profundamente. Después, ¡a la cama!, con una bella y delicada música relajante. ¡Felices sueños!

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Category: Yoga


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